#323

Me he llenado la garganta de invierno y los bolsillos de aire. Se me han helado los años contra la escarcha fútil del silencio. Y me he encontrado a mí misma conversando con ninfas pintadas de hollín y recuerdo.   Se han fracturado esos charcos donde posé mis pilares de sueños. Se me ha estancado…

#316

Que mañana será otro día, eso no, por favor, no me lo digas. Si no hay más día entre mis días. Si no hay más vida entre mi vida. Si no puede ser un nuevo amanecer aunque el sol a media tarde muera entre el poniente y la luna blanca al alba apague el universo.…

#314

Llamaste a la puerta y entraste, sin hacer ruido, silente y prudente. Con la elegancia de lo comedido en tus palabras pintadas de todo, de ti y de nada. Con la agraciada desgracia de que en mis oídos sonaran como la música de un concierto privado tocado en directo. No sé quién lanzó primero la…

#313

Perdida por las orillas de mis recuerdos [pintadas entre los charcos en las aceras, mezcladas en acuarelas sobre el asfalto, mojando esta lluvia seca olor a esparto], en medio de una nostalgia de sangre amarga [gangrena de mis demonios, sudor y espanto, bailando al aturdimiento meloso y húmedo, enferma de un agrio agobio no merecido],…

#312

Cuando toda mi vida se concentra en un instante. Y me siento emocionalmente por los suelos. Y me brotan rosas negras en las manos. Y me lloran las espinas por los párpados. Cuando llueve el corazón en aguaceros. Y me sangran desiertos de cuarzo por los dedos. Y me hieren los puñales de todo lo…

#307

A veces te recuerdo sin querer, las demás son al revés, son peor; recordar ―tu rostro, tu voz, tu olor―, no comprender ―arder, doler, perder―. Otras veces te encuentro entre la gente, frenéticamente miro tras de mí cuando el aire de repente huele a ti y te evoco viviente aquí en mi frente. Pero no…

#300

Paseo por la escarcha azulada del silencio dejando arder los dolores, mis incendios. Me siento morir una, dos, diez veces diez y al llegar a la centena incendiaria ―solitaria― advierto que realmente son millares incontables las veces que ardo y me consumo en gris ceniza para, finalmente, tornar de nuevo a alba pureza.   María…

#299

Como un niño que a la orilla de la playa quiere a la vez ser arena y marejada. Que cuando es ola quiere ser la sal sedienta alimentando las espumas. Y si es salitre prefiere navegar arrecifes de angostos arenales. Así me siento en la bahía de tus labios suspirando juntos veleros y naufragios. Cuando…

#297

Si me dices sí, te espero toda la vida —toda la vida en esta eternidad anochecida, toda la vida dentro de esta lentitud huida. Si no temes mi aterida magnitud herida —ni tu soledad recela de mi esclavitud rendida— te espero, mi vida, con mi tempestad mecida. Si una vida llevo aguardando tu ansiada venida…

#290

Qué mal inventado está esto que llamamos añoranza. Yo que te echo de menos a rabiar. Tú que me echas de más sin volver la vista atrás. Yo deseando permutar tu menos por mi más. Tú que, cuando no tenga remedio, te darás cuenta de que tu más se ha transformado en un menos calibrando…

#268

Si mezo verdes los ojos y calmo garzo mi sueño ¿seré libre? Si yergo un lar con antojos y crespo flecho este empeño ¿serás hombre?   María Eugenia Hernández Grande

#265

Sobre el celeste del orbe exhalo parábolas —congeladas, exhaustas, rendidas, malditas— de este etéreo hemisferio turbado in alienum. Bajo la lid de mi aliento malverso mis versos al calor de un misterio que frecuento y acojo —empapado, mimado, vigoroso, adorado—. Ante el fanal infinito en acunada ternura —benigna, indulgente, insensata, certera— rindo plúmbeo el temblor…

#262 [«Mi Horizonte Vertical I»]

Este poema que os dejo abajo es el primero de un conjunto de tres titulado «Mi Horizonte Vertical» que presenté recientemente a un certamen literario. I. Las dulces orillas del ayer ya no sirven para sosegar mi sien. Llueve cuesta abajo en mi magín, me despido de mí misma, me recojo aquí en mi yo,…

#261

Es pájaro sin alas tejiendo entre cantos matutinos hilos en mis cábalas; mar de agua templada el de sus trinos borbotea en mi cabeza ocultando dulzor entre dureza.   María Eugenia Hernández Grande  

#260

Tengo miedo a que  mi vida siempre sea antártica marina y deambule en infinito por áreas de inviernos rigurosos. Que no haya un punto medio en mis tercianas y este terreno tan compacto me induzca al encamado. Siento angustia por mojar mis pies en nuevos lodos y no saber crear otras figuras con mis suelos…