#319

Con el corazón en la mano y el alma a tus pies.

Con toda mi amor bailando claqué.

Con mis ojos velados, mi querer despeinado.

Con mi vientre valiente y mi razón en penumbra.

Con todo mi alma, con todo mi ser.

Con todos los rezos que sé que jamás llegaré a ver.

Con todas las palabras que en el lenguaje puede haber.

Con mis dientes llorando cada atardecer.

Con el reflejo del espejo que veo en mí cuando me ves.

Con mi pacífico ejército izando los «te quiero».

Con los «creo en ti».

Con todo, con todo ello, me presentaría ante ti.

Y, aun así, no verías nada.

No sabrías nada.

No creerías nada.

Tú, que sólo te ves a ti.

Tú, que sólo te sabes a ti.

Tú, que sólo te crees a ti.

 

María Eugenia Hernández Grande

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