#306

Dejé de hablar contigo el día en que me di cuenta que me importabas demasiado. Y yo a ti no. Y que, de excedentes hablando, demasiado también e(s)ra el dolor que eso me causa(ba). Ese día fue, tal vez, también el día que me di cuenta de que jugábamos a un juego al que yo no sabía jugar y en el que, me daba la impresión, yo siempre perdía por los dos. Porque nunca se me ha dado bien apostar desoyendo los latidos que me marca el interior. Ni acallar el alma henchida, ni mentirle al alba a mi razón, ni echarle un pulso a mis impulsos si está en juego el corazón. Porque, de pérdidas hablando, hace tiempo que perdí la última partida con otro jugador. Y los años que (le) sucedieron (me) prometí que merecía que nunca más hubiera trampas, ni cartón. Mas no dejé de oír las quejas de mi pecho suplicando por los dos, el día en que te sentí tan vivo en mi interior, y quise cogerte las manos, tocar tu tacto de algodón, y una barrera en barrena se interpuso entre mis dedos y tu estrecho yo. Tampoco dejé de soñar el día que me di cuenta de que soy insomne. Y que tú no. Pues, de sueños hablando, dime, cariño, si hay alguno más bonito que aquél que se delira con la mirada sostenida por las pupilas del flechazo y la ilusión. Ni dejé a un lado estas dolencias provocadas por la condena de ésta, mi querencia, acrecentadas por la realidad de ésa, tu indiferencia, el día en que me di cuenta de que mi bondad es un problema, porque me hace quererme poco y a ti mucho; me hace perder, perderme e, irremediablemente, perderte. Y me hace no saber qué decir a mis entrañas, cuando me preguntan por qué no, por qué nada, por qué este ahora no es un ya. Y solamente puedo contestar esa repuesta extraña, que no dice mucho pero, a la vez, lo explica todo, y que reza algo así como un porque es él. Porque eres tú.

María Eugenia Hernández Grande

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4 comentarios en “#306

  1. Maru, lo difícil fue abrir los pulmones a un nuevo estado de vida, cuando salimos de nuestro vientre materno, todo lo demás es solo vida, la naturaleza solo eso es, un corazón errante no tiene raciocinio?, el solo late sin ordenes del predominante que es el cerebro, nuestros sentidos suelen ser inquietantes, pues hay que despertar al niño que descubre sin verse temible…por lo menos eso creo yo, claro.

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    • Me encantan estas palabras Daxiel, es tan cierto, es la vida misma pero yo siempre he creído que nos encanta complicarnos la vida y puede que, de ahí, este escrito. Sería más sencillo pero las emociones a veces hacen que veamos todo desde un prisma distinto. Un fuerte abrazo!

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