#243 [2192]

No me presentes como “la hija de tal”
ni me sonrías sólo por ese motivo.
Que para ti soy ésa por la que un día
dijiste que volaban mariposas.
A la que la preguntabas qué era el amor
y tú mismo la respondías para asfixiar su aleteo.

No hables conmigo si lo que menos te interesa
es saber cómo estoy. O soy.
Si me usas de excusa para saber de otra persona.
Y se te olvida que un día
confesaste ante estos ojos
que veías algo extraordinario.

No te tomes la licencia de juzgar mi vida
porque, perdona, no te la concedo.
Tampoco para mis actos ni mis decisiones.
Porque no vas a pararte a pensar por un instante
en los motivos que me han llevado
a actuar de tal manera.

O, si acaso es que los sabes,
sé capaz de ponerte en mi piel.
Y adivinar qué hay tras ella,
ahí, dentro de mi alma.
En ese lugar que hace tiempo
se te quedó tan lejano.

No te apoderes de cada uno de mis fracasos
ni los conviertas en tus propios triunfos.
Que sigo siendo ésa
con lo que ibas a viajar
al lugar más imposible.

Fíjate bien en lo único que soy.
Una persona individual que, como tal,
quiere y debe ser tratada.
Por mí misma valgo mucho para unos
y muy poco para otros.

Elige por ti mismo, cariño,
para si vuelves a tenerme delante
sepas bien quién soy yo.
Y no vuelvas a engañarte.

 

 María Eugenia Hernández Grande

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