#159 [En Versión Original]

El siguiente texto que voy a compartir es la versión original de uno de los que componen mi obra «Spleen Spleen (seis años y quizás un día)» y que se titula Quién sino tú. Tranquilos que no vengo a hacerme propaganda, ni siquiera voy a enlazaros a la obra, sólo quiero compartirlo porque estoy un poco spleen estos días y me he acordado de que una vez, hace ya unos cuantos años, escribí una carta que nuca envié y que luego la incluí en el libro pero la cambié. Sí, lo hice, a pesar de que a mí me gusta mucho más esta versión original, pero me dio miedo incluirla tal cual y dejar demasiado al descubierto mi vulnerabilidad (lo de escribir con nombre y apellidos tiene desventajas). Y sacrifiqué perder esencia y frescura por mantener un poco a flote mi dignidad. Es posible que ya haya perdido todos esos miedos de los que hablo y por eso hoy, ahora, en estas líneas me da lo mismo. O igual no, a lo mejor es precisamente ahora cuando estoy echando por la borda todo, pero qué más da…

Para ti,

Hace tanto que no te escribo que no sé ni por dónde empezar. Lo más normal sería preguntarte cómo estás, pero nuestras cartas nunca fueron normales. Hoy me siento extraña, con un hálito sombrío sobre mí. Debe ser eso que en la tierra se llama melancolía y que yo suelo llamar spleen ¿te acuerdas? Tengo tantas cosas que decirte y, sin embargo, ahora mismo me ocurre como antaño que siempre que te escribía me costaba arrancar y las palabras tenía que sacarlas a presión. Incluso en la distancia me ponías nerviosa. Supongo que lo más sincero sería decirte que en realidad te he escrito muchas veces, pero que desde aquella última carta que te envié, hace ya tantas tardes, ésta es la primera que plasmo por escrito y que no se queda flotando en mi cabeza. Son tantas las cosas que necesito decirte y no puedo, que aunque sepa de antemano que esta carta nunca la leerás, la escribo de todas formas.

Quisiera hablarte de mí, contarte cómo me va en la vida. Preguntarte si alguna vez has vuelto a pensar en mí o si recuerdas los días que compartimos con tanto cariño como yo. Si aún conservas esa foto que te dí junto a una carta de ésas que nos entregábamos en mano y nos prohibíamos leer hasta que no acabara el fin de semana. Hasta que cada uno se encontrara en su lugar, quizás para que la distancia que se interponía entre nosotros de lunes a viernes resultase menor; o mayor. Aún recuerdo tus palabras «si pudiera estar hablando contigo eternamente lo haría». Recuerdo tantas cosas y, qué tonto parece, sin embargo otras no soy capaz de rememorarlas por mucho que me esfuerce.

Pero ha pasado tanto tiempo… Tanto que a veces creo que no soy la misma persona, porque tengo la sensación de que un día me hice mayor de repente. Y tú no estabas. Hay tantas cosas que no sabes, que no has vivido conmigo y que me gustaría tanto que hubiese sido de otra manera, que hubieses estado a mi lado. Que me hubieses ayudado a decidir qué hacer, haber tenido tu apoyo cuando comencé con todo esto de la oposición y me sentía tan desamparada en todos los aspectos de mi vida. Me hubiese gustado haber ido juntos al FIB cuando tocaron The Stone Roses y no quedarme con las ganas de ir. O haberte arrastrado por el monte para ver juntos a Sabina y Calamaro y que hubieses sido tú el que me cantase Peor para el sol al oído, y que hubieses sido tú también el que me besó después. Me habría encantado que conocieras a mi preparador, una persona tan grande que incluso a ti te hubiese dejado pequeño.

Pero supongo que te estarás preguntando a qué viene esta carta precisamente ahora. Podría contestarte con mil respuestas y las mil serían verdad. Creo que podría contar hasta el infinito. Pero si con una es suficiente te diré la más sencilla: necesito hablar con alguien. Y aunque puedo hablar con muchas personas te elijo a ti en la distancia porque siempre fuiste el mejor para escucharme; porque lo preguntaste una vez «y a ti ¿quién te escucha?» y te preocupaba hacerlo. Sí, todavía recuerdo esa tarde, pues a veces creo que debo tener la voz muy fina, ya que a menudo me da la impresión de que los demás sólo la oyen de pasada. ¿Quién sino tú iba a escucharme?

Y, como te digo, necesito hablar contigo porque estoy asustada. Hay tantas cosas que me dan miedo… Estoy sensible, lo sé, pero en una semana me examino y la tensión siempre juega malas pasadas. Me asusta el examen, su resultado, la vida y qué hacer con ella, y tantas otras cosas que son demasiadas incluso para ponerlas por escrito. Y me he acordado de ti porque contigo me sentía protegida. Me hacía pequeñita, insignificante, y tú aparecías ante mí todopoderoso, portador de todo aquéllo que podía necesitar. Te echo tanto de menos aún, que eso también hace que me asuste. Necesitaría tanto que en estos momentos de mi vida estuvieras a mi lado. Que me acompañaras a Madrid el sábado y me dijeras aquello de «creo en ti». Que hiciésemos planes sobre comprar casas en Londres o en un rincón perdido de cualquier otro lugar. Hablar de los hijos que tú ibas a educar a tu manera mientras yo me dedicaba a alcanzar el ideal de la justicia. Que me abrazases fuerte. Necesitaría tanto verte, tanto… Porque a veces parece que nunca exististe ¿cómo es posible que en una ciudad pequeña nunca hayamos vuelto a vernos? Supongo que el destino no quiere volver a cruzarnos por las consecuencias que podrían llegar.

Hay tantísimas cosas que te quiero decir que eso también me asusta. Tantas cosas que nunca te dije, con palabras. Preguntarte mil cosas, si has visto la última de Woody Allen o si te has enterado de que esa cafetería donde compartimos cafés y pensamientos ya no existe. Decirte que no lo hago a propósito pero todos los días hay algo que me recuerda a ti. Si voy a cantar siempre paso por algún lugar que está marcado con tu fantasma. El valle a lo lejos. Tu casa si giro a la izquierda. San Pedro a pesar de que no sean las cinco. A veces pienso que la nostalgia es una enfermedad, y que a mí no me da tregua. Me ataca sin piedad, y mucho más con un examen cerca, siempre me ha pasado lo mismo durante toda la vida. ¿Sabes una cosa? Necesito volver a construir recuerdos bonitos y sé que no lo haré contigo, pero de vez en cuando te escribiré para contártelos. Me gustaría poder construirlos con alguien que se te pareciese, pero siempre acabo pensando que eso es imposible, porque eras demasiado complicado y único como para que haya otro como tú.

Sé que mañana me encontraré mejor ahora que ya he hablado contigo.

Ni tan arrepentido ni encantado
De haberme conocido, lo confieso
Tú que tanto has besado tú
Que me has enseñado
Sabes mejor que yo
Que hasta los huesos
Sólo calan los besos que no has dado
Los labios del pecado

Y sin embargo, Joaquín Sabina

María Eugenia Hernández Grande

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10 thoughts on “#159 [En Versión Original]

        1. La lección de pasar página la aprendí hace tiempo, pero admito que a veces me olvido de lo que estaba escrito en ella y vuelvo por un momento hacia atrás para releer 😉 Hay heridas internas que no tienen como causa el amor o el desamor, ésas si son más difíciles de cerrar pero nunca imposibles.
          Un besito Margui!

          Le gusta a 1 persona

    1. Las historias suelen tener dos versiones y en la mía sí hubo mucha intensidad. La nostalgia como evocación de los bellos recuerdos supongo que es proporcional a ella, estas letras tienen ya sus años y las emociones se calman.
      La canción también es de mis favoritas de Sabina ☺
      Un abrazo!

      Le gusta a 1 persona

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