#150 [«E de Evocaciones»; Otra vez mi «no-libro»]

Yo he venido aquí a hablar de mi libro.

Francisco Umbral

Aunque como el mío no es libro propiamente dicho, sigue siendo manuscrito (y entre mis seguidores y amigos conocido popularmente como «no-libro»), más que a hablar de él yo vengo a recordaros que podéis leerlo en este enlace (para lo cual no es necesario registrarse en la página, el registro es sólo en caso de que quisierais darme una valoración, algo que, dicho sea de paso, tampoco os llevaría poco más de un par de minutos) y a dejaros otro de los textos que forman parte del mismo por si al leerlo alguno se anima a leer la obra entera. Y, bueno, a avisaros que de vez en cuando publicaré alguna entrada de este estilo, para que el pobre no se quede en el olvido y dejar que tenga un poquito de protagonismo. Al fin y al cabo mi único objetivo es compartirlo con vosotros de la manera que sea, o que tengo a mi alcance. Y, ya que estoy, recuerdo también que aquí y aquí se pueden leer otros dos textos más que ya publiqué. En este otro enlace tenéis unos detalles importantes sobre él mismo y en esta página también compartí una pequeña presentación (lo sé, menos mal que es un «no-libro» porque si no mi pesadez ya no tendría límites)

En esta ocasión os dejo un texto que forma parte de la primera parte, ya que los otros dos anteriores son de las partes segunda y tercera. Así tenéis la oportunidad de echar un vistazo a las tres  y a los diversos tipos de textos y estilos que forman parte de él. 

“E de evocaciones”

Puede que un día te pares a pensar en el rumbo de un año convulso y, sin embargo, los recuerdos se mezclen en tu mente con los de antaño y prefieras quedarte con ellos, formando un todo, que pararte a depurar a qué período de tiempo corresponde cada cual.

No porque no lo sepas, sino porque hay recuerdos que sólo sirven de algo combinados con otros.

Y será por recuerdos y años convulsos, que ya son unos cuantos haciendo cola a la puerta de tu pasado.

En ese momento, volverás a revivir emociones y te acordarás de aquel verano de los amantes muertos. De aquél que pereció metafóricamente; de la que lo hizo en realidad y casi sin avisar.

Porque hay amores que ni después de muertos se quedan en el pasado.

Y te acordarás, también, de cuál era el color de sus ojos y la inicial de su nombre.

Darás un paseo por tu mente y volverás a encontrarte con esas visiones que siguen siendo de carne y hueso en alguna parte, aunque a tu lado sólo aparezcan en espíritu.

Que portan una inicial y una mirada que algún día fueron especiales pero, sin saber muy bien cómo, tu memoria hará parada en otras que nunca fueron nada.

El próximo tren saldrá pronto.

En la estación del recuerdo,

o del olvido,

no hay tramo sin pasajeros.

Y los momentos lejanos se confundirán con los que son más cercanos, tanto como dos meses, cuando aquel antiguo compañero se armó de valor echándote una mirada con sus ojos apagados que no dejó lugar a las dudas.

Ni al pudor.

Ése que te sacó la lengua de manera lasciva y te dijo que seguías estando igual de buena que siempre.

Y así, entre copa y copa, comprobaste, una vez más, que llevaba la misma inicial en su nombre que el portador de otra mirada que sí logró atormentarte. Pero que a él no le sentaba igual de bien.

Y, sin tú quererlo, la mirada vacía te intentó besar otra vez, como una noche hace tiempo; y retiraste la cara al tiempo que él veía cómo habías pisado su dignidad una vez más. Y con tacón de aguja, además.

Te dirás que las próximas veces que te vea te ignorará, hasta que se le olvide lo que ocurrió aquella vez y vuelva a llover sobre mojado. Otra vez más.

Volverás a pensar en el color de sus ojos, y en el de todos los espectros que un día te acompañaron en el mundo real.

Y concluirás que eso del color de los ojos es bastante relativo, porque será por colores. Los que los tenían azules siempre decían que eran aguamarina, los de ojos pardos que tirando a miel.

Y te lo decían fijándose en los tuyos, que eran y son otoñales, y sólo dan lugar a discutir si sopla el viento o va a empezar a llover.

Pero después, caerás en la cuenta de que tú siempre buscabas algo más en sus pupilas. Y pensarás que con los años aprendiste que no todas las miradas azuladas son bonitas. Ni todos los ojos azabaches son capaces de traspasar el umbral de tu cuerpo y posarse en el último rincón de tu alma.

Porque colores hay muchos, pero miradas que transmitan emociones pocas y, a fin de cuentas, sigues intentando encontrar esos ojos que con sólo atisbarlos de lejos te contagiaban su paz.

Esos que volviste a ver hace un mes fugazmente y continuaban tal y como los dejaste ese último día que coincidisteis en otra vida.

Dedicarás tus horas de insomnio a pensar en la letra de su nombre.

En que hay tres letras que son sagradas: la de tu amor platónico, la de tu primer amor y la del amor de tu vida.

Y la primera está reservada, porque por algo el amor platónico es especial y sólo unos pocos han podido lucirla con honor. Y las otras dos te han perseguido siempre en el terreno sentimental; letras en bucle y amores en espiral.

Aunque sea posible que, quizás, haga ya años que esas tres letras se fundieron en una.

Iniciales que ya sólo existen en tus pensamientos pero que un presentimiento te dice que volverán a perseguirte hasta hacerte derrumbar.

Quizás sea hora de que dejes paso a otras menos gastadas, que estén por estrenar, te repetirás intentando convencerte.

Pero el día que te encuentres con una mirada con vida propia, autosuficiente, te darás cuenta de que su dueño también lleva en su nombre por inicial una de esas letras marcadas.

Y que en ese rumbo forjarás una nueva historia de rubores y letras, que pronto se mezclará con las vivencias pretéritas.


®«E de Evocaciones» forma parte de mi obra «Spleen Spleen (seis años y quizás un día)» inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual de España.

María Eugenia Hernández Grande

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6 thoughts on “#150 [«E de Evocaciones»; Otra vez mi «no-libro»]

  1. Como te he dicho previamente, me ha encantado, y me quedo con esa frase:

    “El próximo tren saldrá pronto.

    En la estación del recuerdo,

    o del olvido,

    no hay tramo sin pasajeros.”

    Cualquier día le doy imagen, con su permiso claro está 😛

    Echaba de menos poder pasarme por aquí, cada día brillas más.

    Le gusta a 1 persona

    1. Toda una alegría que te pases por aquí David, cuando quieras y puedas las puertas están siempre abiertas ☺ y como ya te dije es todo un honor que hayas dedicado tu tiempo a leer la obra, gracias por hacerme ese regalo. Aunque eres un exagerado (en algún comentario tenía que decírtelo 😉) no creo que brille tanto como dices, yo siempre he sido de sombra jeje

      Le gusta a 1 persona

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