#147

Recuerdo nuestra primera cita con gran nitidez. Como si la hubiésemos grabado en una película incorruptible al pasar de los años. Quizá es el único recuerdo que tengo de ti, o de esos nosotros que fuimos, sin distorsión. Tardé un día y medio en decirte sí, supongo que recuerdas el porqué. Y en cuanto te lo dije fuiste tú el que tardó medio día en confirmarlo. Lo mismo eso fue sólo un preludio del destiempo que me acompañaría unos meses después.

Estaba nerviosa. Te lo dije, siempre he sido tímida pero sincera. Y mejor aceptar las evidencias; mi cuerpo trémulo a las siete de la tarde hablaba por sí solo.

«Anteanoche flirteabas», fue una de las primeras cosas que me dijiste. Me sonrojé y el rubor subió un par de tonos más cuando confesaste que eso te encantó.

Una cita, un paseo; «no todas lo merecen», otra afirmación.

«Este tío se lo tiene muy creído»; me lo callé y fue años después cuando me di cuenta que llevabas razón. El futuro, que ahora es ya pasado, me hizo comprender que, en realidad, no todo el mundo merece nuestro tiempo. Ni todos los besos nuestros labios. Y que una cita no se regala con desdén. Pero el pecho me creció dos tallas en ese momento por saber que yo me ganaba tu atención.

«Un milagro», fue tu mensaje la noche anterior. Más de uno se sucedió después. Un paseo y una conversación de ésas, inocentes y culpables a la vez.

Anochecía en el centro y en el ocaso de esa tarde. Nunca he deseado más estampar los relojes contra el suelo. Y fracturar en mil pedazos los momentos que por siempre debieron ser eternos. Conversaciones cara al valle, paradojas de la vida, el paisaje de nuestra primera cita fue el de la última también.

Se me revolvió el estómago en la despedida, no sé si antes o después de que te besara. Nunca lo hago, no sé si lo sabes, lo de besar primero yo. Supongo que contigo hice añicos, sin sentirlo, todas mis costumbres. Y algo más que mis piernas temblaron al saborearte por primera vez. Jamás hubiese consentido a nadie que me inmovilizase la cabeza empujando fuertemente mi coleta hacia el centro de la tierra.

En mi casa vomité toda la cena antes de arreglarme para volver a irme. Algo comenzaba a corromperme dentro; en mi estómago las mariposas en ciernes no dejaban hueco para nada que no fueses tú. Habíamos quedado, como dice el título del disco, en vernos en los bares. Pero esa noche no nos encontramos pese a buscarnos entre las calles y los planes que guiaban nuestros pasos. Quizá la vida, sabia ella, nos regalaba una advertencia de que lo dejáramos ahí. Pero no la hicimos caso.

En tu lugar me encontré a mi ex-novio, estaba aún despechado. Nos fumamos un cigarro; me quemó la paciencia y el flequillo, aunque creo que ninguno de los dos por accidente. Discutimos, le mandé a tomar por culo y lloré un par de lágrimas frente a un espejo de baño de discoteca, casi a partes iguales por mi pelo con olor a chamusquina y el ardor de no encontrarte. Contuve los deseos de escribirte al regresar hasta mi almohada. Y, por suerte, tú no lo hiciste y la tarde siguiente fue otra en que merecimos mutuamente nuestra compañía.

De nuevo el sol entre el poniente nos metió prisa para que tomáramos una decisión. Te di las gracias por ese fin de semana que un plan frustrado hizo que, al final, me quedara en la ciudad. Y, ahí, todo debió quedarse como una historia que nace fugazmente un jueves por la noche y muere sin dolor un domingo a última hora. Pero, vuelvo a suponer, nuestro mayor problema era no saber parar. Y, en el mismo lugar del día anterior, preguntaste esperando obtener una respuesta que te indicase que yo no merecía la pena para nada más allá de esas dos tardes.

Y, aunque no te diste nunca cuenta, tus prejuicios siempre te fallaron. Resultó que mi contestación te gustó, te sorprendió y quisiste que eso no acabara así. Y ojalá no te hubiese hecho nunca caso. Ojalá nos hubiésemos despedido allí. Porque yo ahí ya intuía que ésa era una historia que me iba a enseñar una lección importante y dolorosa, por sentir un amor tan grande y tan por encima de nuestras (mis) posibilidades.

Y no sé por qué hoy te cuento esto. Ni por qué escribo estas palabras. Sé, y me alivia saber, que nunca las leerás. Puede que lo haga porque hoy el día ha sido/estado oscuro. Y me gustan los epítetos.

O porque a veces creo que me gustaría que la vida nos volviese a cruzar por un instante. Nos mirásemos sin temor, ni dolor y frente a frente. Comprobases que ahora ya soy una mujer. Observaras eso que todo el mundo dice de que estos años por fuera no me han cambiado demasiado pero por dentro han provocado una revolución. Pensaras para ti si volvería a merecer tu tiempo y tu atención. Y yo te lanzara media sonrisa y un guiño, de esos tan míos, para poder decirte sin decirlo «mírame bien, yo soy tu creación»

Son las miradas, lanzadas a la cara,
que me hacen recordar lo que me estoy perdiendo.
Son las palabras, cargadas y agitadas,
que tienen el poder de transformar el tiempo,
desde esta cama.

El pensamiento circular, Iván Ferreiro

María Eugenia Hernández Grande

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24 thoughts on “#147

  1. Buf qué intensas las emociones!! Y qué difíciles las relaciones personales… 😟
    Me encanta Ferreiro. Supongo que habrás escuchado la de Equilibrio imposible con Santi Balmes. Es sublime! Y dice tanto…
    En fin, que aun con todo hay que seguir con la cabeza bien alta. Un beso, Maru! 😘 🌟

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    1. Si en esa historia hubo algo cierto de verdad fue intensidad y dificultad, las personas complicamos todo con demasiada facilidad, contradictoriamente. Seguir por supuesto, no queda otra 😉
      Bueno es que la combinación Ferreiro-Balmés me pone los pelos de punta, qué voces desgarradoras, en bucle 😊
      Un besazo Lidia, iré poniendo más canciones jeje

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  2. No sé cómo lo haces, pero me has puesto en su lugar, en tu lugar y en el lugar de cualquier persona que pasara por ahí… O yo tengo mucha imaginación o tú eres capaz de transportar a las personas con todo aquello que escribes (y creo que sé lo que me responderás).
    Sabes? Creo que te admiro, ya no solo por todos tus escritos, sino por relatar de forma tan bella todo lo sucedido. Sinceramente quisiera hacer lo mismo, no lo de poner a los lectores en la piel de uno (eso no lo debo decir yo), sino hablar de una primera cita o un primer encuentro con tanto detalle y sentimiento. Quizá no haya tenido de esas que dejan tanta marca. Bravo Maru! Me duelen las manos de aplaudirte!

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    1. Sabes una cosa David? Yo tampoco sé cómo lo hago 😉 ese relato concretamente tal como se lee es como salió de mi cabeza, ayer sin venir a cuento y en un solo momento. A veces siento algo así como una punzada, un clic dentro, y lo pongo por escrito tal cual lo siento. Pero lo que sí sé es que tú imaginación tienes mucha, nos lo demuestras a diario con todo lo que haces 😊
      Y sí, esto me dejó mucha marca, una herida, pero tampoco lo cambiaría por nada, aunque bueno algún detalle me lo he guardado sólo para mí.
      Si tienes tiempo léete la entrada #59, lleva otro ritmo y otra forma pero está relacionada.
      Un besazo gallego, y otro aplauso mío que lo mereces!!

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