#137 [Rubén Darío te doy las gracias]

Ayer, 18 de enero, se cumplieron 150 años del nacimiento de Rubén Darío pero no tuve tiempo para escribir así que, con un día de retraso, voy a hacerlo hoy porque no podía dejar pasar la ocasión de reseñarlo. Recuerdo que fue a mis quince años cuando descubrí la poesía de Rubén Darío, mientras cursaba 4º de la E.S.O. y en las clases de literatura se incrementó aún más mi pasión por las letras. Allí no sólo conocí los versos tan preciosos de Darío, sino que también oí por primera ver hablar de ese spleen que tantos años después ha dado nombre a este blog y que desde entonces siempre me ha acompañado. Y hoy no podía dejar pasar la ocasión de volver a esos años, de volver a esas letras y de volver, en definitiva, a aquellos comienzos en los que la poesía me empezó a interesar y algo se despertó en mí. Antes la poesía ya me había interesado pero desde el punto de vista de una niña y tampoco me voy a parar a hablaros de aquellos poemas que en el colegio me hacían aprender de memoria y recitar de pequeña cuando cursaba primaria.

Hace unos meses que me planteo muchas cosas relacionadas con el mundo de las letras y por eso el aniversario del nacimiento de Rubén Darío me sirve de excusa no sólo para recordar sus versos, sus poemas y esa lírica tan perfecta que compone su obra, sino también para pararme a reflexionar en voz alta sobre todo esto. Sobre la belleza que se oculta detrás de la poesía, sobre esa manera de poder distorsionar la realidad y hablar de todos los anhelos del hombre, de sus preocupaciones, de la parte más horrenda del mundo, desde un punto de vista completamente distinto, desde un punto de vista emocional, intuitivo y hermoso.

Rubén Darío creo que es un maestro en todo ello, una expresión en estado puro del modernismo y solamente hay que pararse a leer sus versos para darnos cuenta. No sé si habréis leído su Sonatina (aunque supongo que sí ya que es muy famosa), yo me la sé de memoria desde que, precisamente, tenía 15 años. Me cautivó, así de simple. Me fascinó esa manera de contarnos los anhelos de una princesa, con esa agilidad en sus palabras, con esa fragancia dejándose traspasar en cada una de las estrofas que componen ese poema. Y a partir de allí todo fue rodado, leí más poemas suyos (ahora mismo, por ejemplo, tengo a mi lado su obra maestra Azul) y fue ahí, a mis 15 años, cuando  también compuse mis primeros versos. Por él, por Rubén Darío. Después iría descubriendo a más autores, más poetas, más versos que me han dejado siempre la cabeza volada; vamos a poner por ejemplo a Miguel Hernández, a Lorca, a Pablo Neruda, a Benedetti y a todos los que ahora mismo me dejo en esta lista que hago un poquito de memoria.

Todos ellos, desde mi punto de vista, tienen en común una de las virtudes más importantes que puede tener alguien que se dedica a las letras y es, precisamente, esa belleza en sus palabras, que no por ser bellas dejan a un lado el dolor, ni por ser hermosas nos cuentan siempre historias de final feliz. Ya adelantaba que llevo una temporada pensando cosas como las que estoy diciendo, en cuál es, no la función, pero sí el fin de la poesía. Si es dar alas a las letras, contar historias, narrar cuentos, remar sentimientos en el mar de emociones, hilar sensaciones… de una manera especial. A mí me queda mucho por aprender pero creo que, poquito a poco, voy evolucionando, voy experimentando, pero no quiero olvidarme tampoco de mis inicios, la razón por la que a mí me empezaron a interesar los versos, las estrofas, que fue, precisamente, el hecho de que alguien como Rubén Darío despertase un sentimiento en mi interior que no sabía que poseía. Y ahora, que ya no tengo 15 años, que llevo a mi espalda unas cuantas lecciones vitales y que, por eso mismo, creo que empiezo a tener la capacidad necesaria para poder plasmar por escrito esos sentimientos que ni yo misma sé a veces que tengo, es por lo que quiero escribir esta entrada y dar las gracias a Rubén y a todos los demás.

Y, aunque yo sea la primera perjudicada por lo que voy a decir a partir de ahora, hacer una reflexión, una pregunta en alto, y pensar hacia dónde estamos llevando la poesía o las letras en general. Es cierto que los años cambian, el tiempo o las circunstancias no son las mismas y una de las labores más relevantes del escritor, una de ésas por las que se recuerda posteriormente su obra, es ser el reflejo del tiempo en el que vive. Yo no me considero nada, ni por el momento creo que esté en condiciones de poder hacerlo, soy una aficionada a la que le gusta juntar letras, pero sin embargo pienso que no debemos olvidar todo esto que estoy diciendo, lo que es bueno de verdad. Y con esto de bueno estoy haciendo referencia a que actualmente (no sé si es por las nuevas tecnologías, no sé si es por la facilidad de acceso a contenidos o la rapidez con la que se difunden las ideas) olvidamos muchas veces la calidad que hay detrás de un poema, de un relato o de un escrito, me da igual.

Hay autores a los que las cosas les van muy bien o han alcanzado un éxito que yo personalmente, aunque me alegre por ellos, no logro entender porque les leo y no me dicen nada, quizás porque yo soy la rara (que siempre lo he sido un poco por otra parte). Pero no sé, yo desde pequeña con 13, 14, 15 años… leía a los grandes clásicos – Calderón, Honoré de Balzac…-, muchas veces por intuición y, otras, por pura curiosidad (siempre la he tenido en este mundo) y a lo mejor es por eso por lo que pienso que, a veces, no solamente se trata de escribir sino que en todas las profesiones, en todos los estudios y en todas las disciplinas, hay que estudiar, hay que calarse de lo que hacen los demás, hay que saber qué es lo que nos precede. Muchas veces la gente se aventura a escribir (yo misma), unos tienen instinto y hacen unas obras muy bonitas y que yo admiro muchísimo, pero hay otras personas que no. Lo siento, a mí todo no me vale. No voy a decir nombres ni ninguna obra en concreto porque tampoco creo que lo que digo se pueda aplicar en general a uno solo de ellos, ni a toda la obra de un autor, ni tampoco creo que la culpa sea solamente de los autores porque, obviamente, cualquier persona a la que le gusta escribir y que escribe – mejor o peor porque ninguno somos perfectos y cada cual tiene su estilo por supuesto – tiene el sueño de que alguna editorial se fije en él y una editorial (y esto es algo de lo que yo me he dado cuenta hace poco, porque yo siempre he sido muy bohemia y muy idealista) no deja de ser una empresa, un negocio y, claro, siempre se va a apostar por aquellas personas con las que puedan vender libros, en realidad es completamente comprensible.

A mí me queda mucho por aprender en este mundo, por escribir (aunque ahora mismo creo que tengo un desagüe en cada lado de la cabeza por donde me entran las ideas y se escapan al mismo tiempo sin que nadie les ponga resistencia) y aunque sé que me estoy alargando y divagando voy a lo que iba, que es que por mucho éxito que pueda tener alguien, por muchos seguidores que pueda tener en sus redes sociales o incluso los millones de libros que hayan vendido, creo que no todo vale, creo que no todo es bueno y creo que hay que tener un filtro y saber apreciar lo que merece la pena de verdad. Yo tengo también a mis autores más modernos favoritos que me han llegado y se han saltado todas las normas, pero lo han dicho todo de una manera tan perfecta, se han puesto en mi piel, me han removido algo por dentro, pero hay muchos que me dejan el corazón plano (y esto último lo extiendo a lo que yo escribo, porque yo me incluyo en todas las críticas ya que no me gusta criticar y pienso que primero hay que mirarse uno mismo en el espejo para poder hablar de los demás) pero hoy me tomo esta licencia aunque yo no sea nadie más que alguien que escribe de vez en cuando aquí, en un blog, y por lo tanto no me considere autora, escritora ni nada.

Bueno y ,a lo que iba, es que yo me estoy planteando una fase creativa o estoy intentando escribir aunque sea solo un verso que yo piense  cuando lo lea muy bien, me gusta, no sólo me gusta, creo que dice algo, creo que toca algo. Es decir, compartir lo que hago y si hay alguna persona a la que le llega y le gusta y le remuevo  algo por dentro, que es lo que yo busco en el arte, me daré más que satisfecha y con un canto en los dientes. Porque tenemos que ser críticos primero con nosotros mismos y, después ,con los demás. Cada uno sabe qué es lo que busca o a lo que aspira cuando se pone delante de un papel en blanco y decide compartir con los demás historias y sentimientos que lleva en su interior, así que creo que todo lo demás es secundario, que da igual, de verdad, yo lo único que quiero es poder sentirme orgullosa de cada una de las letras que plasme en un papel o que comparta en una pantalla. Que sean bonitas, que tengan sentimientos, que las veas reírse o las veas llorar y te las imagines. Yo no quiero el verso fácil ni el camino de rosas. Porque yo quiero crecer y aprender en ese crecimiento.

Y ya para terminar quiero decir que  yo soy humana y muy errante, que soy una novata y que no aspiro a nada ni quisiera ofender a nadie, pero por favor no nos olvidemos nunca, como lectores que somos todos, de lo que he dicho, que hay que ser críticos, vuelvo a decirlo, porque supongo que cuando Rubén Darío (que es por él por lo que he empezado toda esta entrada) publicó sus primeros versos no se imaginaba que 150 años después de su nacimiento el mundo se iba a hacer eco de ello. Y supongo, además, que aunque tuviese el sueño de las letras no se olvidó de lo que llevaba en su interior. No olvidó que las letras son lo realmente importante.

Os dejo su Sonatina, la que inspiró a esa adolescente de 15 años a adentrase en otro mundo, en uno que ella no sabía que iba a cambiar su forma de ser. Y que hoy le da las gracias humildemente por haber alimentado sus sueños y su mente.

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío.

María Eugenia Hernández Grande

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14 thoughts on “#137 [Rubén Darío te doy las gracias]

  1. Maravilloso, has eclipsado a Rubén Darío, has expresado lo que me llega, lo que es la poesía, lo que a los 15 años se te abrió en tu vida. Has hecho lo que ayudará a mucha gente a comprender lo que es y significa la poesía, y eso es algo precioso. Me alegro mucho que hayas escrito esto, y creo que este año también se hará algún homenaje público a Rubén Darío, por lo que si me entero ya te avisaré. Y lo has hecho magistralmente dejándonos al final la Sonatina. Enhorabuena porque me han llegado las cosas que has dicho, y has querido transmitir. Y si no te importa, seguiré siendo crítico tuyo, reconociendo lo bueno, y también señalándote lo que no sea tanto. Pero, espero que te lo tomes de forma deportiva porque yo sólo lo haré con ánimo constructivo.
    Muchas gracias por haber expresado todo esto que es hermoso, y que nos haces amar la buena poesía.
    Un abrazo muy grande.

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    1. Bueno lo de eclipsar al propio Darío creo que es un pelín exagerado con un dedo no se puede ocultar la luz del sol. Tan sólo me he limitado a dar mi opinión tomándole de ejemplo y explicar un poco cuáles son mis intenciones en este mundo que, por otra parte, creo que siempre han sido las mismas pero a veces viene bien volver a recordarlas. Sabes que siempre agradezco todas las opiniones que cualquiera de los que dedicáis un poco de vuestro tiempo a leerme me dais porque lo considero otra de las etapas de la escritura cuando ésta se comparte y, además, me gusta mucho leerlas, y las tomo para bien sean las que sean, cada cual tiene su gusto y no siempre se puede coincidir. Un abrazo Fran, me alegro que mis palabras te hayan llegado!

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  2. Sí, puede que haya podido exagerar un pelín, pero eso también tenía su propósito, y era animarte porque creo que eres una verdadera promesa, y que si haces lo que quieres, sientes, y ves que puede ser tu vocación, quiero que te sientas con fuerzas para hacerlo, estés animada, y venzas esos miedos. No suelo ser exagerado, y si lo he sido ha sido por algo. Me ha gustado ver la humildad que muestras, eso es importante. Sigue así, porque lo haces muy bien, y lo expresado de maravilla. Claro que me han llegado, eso no lo dudes. Un abrazo Maru.
    P.D.: Perdona mi ignorancia, pero ¿qué significa spleen?

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    1. Entonces muchas gracias de nuevo Fran, estoy animada y tengo fuerza y, sobre todo, muchas ganas de seguir escribiendo, eso siempre aunque últimamente tenga menos tiempo para ello de lo que me gustaría. Y la humildad por supuesto, en cualquier ámbito de la vida creo que hay que serlo por lo menos a mí así me lo han enseñado y dicen que lo que aprendes de pequeño no se olvida.
      Spleen es un término francés del romanticismo, muy resumidamente significa melancolía. Abrazos!

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  3. Hace años que leo a Rubén Darío, aunque no es mi poeta favorito, pero en su evolución encuentro sentido a la vida, a la poesía, al afán de fundir esas dos dimensiones en una realidad que nos acoja, intento que siempre conduce a la impotencia, quizá porque esperamos demasiado de ambas o porque sencillamente no las comprendemos… Escribir como impulso, en la confianza de que demos con la clave secreta que nos desvele misterios nunca imaginados. Todo vale si se hace desde la sinceridad.

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    1. Por supuesto, la sinceridad es la clave y a partir de ella debemos escribir y transmitir y precisamente por ello digo que a mí todo no me vale. Aunque en cuestión de gustos no hay nada escrito y cada uno tenemos distintos sentimientos o inquietudes, por ello mismo hay muchos tipos de libros y de público, respeto todos aunque no los comparta. Un abrazo!

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  4. Definitivamente, todos tenemos un autor que detonó nuestro interés por escribir algo. Tus palabras a partir de Rubén Darío son muy interesantes.
    A fin de cuentas el mercado manda, y si hay en el estante libros malos es porque al grueso de la gente le fascinan las cosas malas. El buen gusto es algo tan subjetivo que pareciera imposible educar sobre ello.
    Por fortuna, siempre hay puntos de acceso a lo que cada cual considere bueno, Maru, incluyendo por supuesto varios blogs de los que mucho podemos disfrutar.
    En fin, vaya un saludo!

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    1. Completamente de acuerdo Ulises, como acabo de decir en otro comentario en cuestión de gustos no hay nada escrito y aunque yo respeto todos algunos nunca los llegaré a entender porque yo busco ese algo más en las palabras. Ciertamente sin salir de la plataforma de WordPress uno se encuentra con textos muy hermosos en fondo y forma y eso es un regalo, como apuntas y yo comento en la entrada una cosa es el negocio de las letras y otra las letras en sí. Un abrazo y gracias por tu comentario!

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  5. A sus pies Maru, me duelen las manos de aplaudirte. No digo nada más, porque ya te lo han dicho todo, más no puedo añadir. Es una delicia pasarse por aquí. Un abrazo y un besazo desde el único sitio con sol en éstos momentos de la península, jajajajaja!

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    1. Bueno aquí no he hecho más que dar mi opinión y admito que me he contenido en cierta manera para no herir sensibilidades pero es que a veces leo y veo cosas por ahí que me dejan el alma hundida y he considerado conveniente hacer una pequeña llamada de atención, lo mismo si hubiese dicho algún nombre en particular no estarías tan de acuerdo conmigo 😉 un abrazo David!!

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  6. Es una entrada simplemente maravillosa.
    En lo personal ruben dario no es de mis favoritos, pero su poesia te transmite tantas cosas que es imposible no leerle.
    Tambien concuerdo es en que por desgracias en la actualidad hay muchos libros vacios, que no transmiten ni reflejan nada, como los 20 consejos de cierta persona famosa y esas cosas, lastima que a las editoriales solo les importe el dinero

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    1. Muchas gracias, a mí Darío me gusta sobre todo por lo que cuento en la entrada de que fue él quien me llamó a todo esto, le considero en cierta forma un maestro. Me alegra saber quien e sigue habiendo lectores y personas que apostamos por la calidad y el mensaje de las palabras pese a lo que nos venden desde las editoriales, es muy esperanzador. Un abrazo y gracias por compartir tu opinión!

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