#115 [Dos Paraguas]

Me ha pintado dos paraguas

para decorar una pared.

Dos paraguas.

Uno, calado por la lluvia.

Otro, moteado por la nieve.

Para decorar una pared.

O sostenerla más bien.

Para alegrar los momentos difíciles.

Porque sabe que me gusta la lluvia.

Y, además, estos que vivo

y que vienen

son meses de tormenta.

Dos paraguas para protegerme.

Del diluvio de mis lágrimas.

Del tornado de mis flaquezas.

Para que al contemplarlos me sienta arropada.

Para que el frío tan sólo se pose en mi piel.

Y no traspase mis huesos.

Dos paraguas.

O dos cúpulas de protección.

Una burbuja de cariño.

Una extensión de sus brazos.

Para envolverme con ellos en mis horas solitarias.

Para,

en nuestras pequeñas y grandes distancias,

estar más cerca de mí.

Tener más calor.

Sentir aún más todo su amor.

Y yo los observo cada noche

desde la oscuridad del rincón

donde reposa mi alma.

Y me siento mejor al saber

que hay dos paraguas que me ha pintado

velando el sueño que me falta.

En medio de la insomnia,

cuando vuelvo en un instante

a ser una niña asustada en la oscuridad.

Peleando con mis terrores nocturnos.

Y recordando también los diurnos.

Cuando cualquier ruido me asusta

y las horas se hacen largas y decrépitas,

siento el viento de su cobijo

protegiendo mis paraguas.

Y, de paso, a mí también.

Me ha pintado dos paraguas

que han nacido del lienzo del artista.

Del pincel de las caricias

y la paleta de sus manos.

Que son las únicas que siempre han estado agarrando las mías.

Y yo no sé cómo expresar todo mi agradecimiento.

Y decir,

sin sonar vana  por el paso de los años,

que es la persona que me ha enseñado

que el amor existe y vive aquí a mi lado.

Y me gustaría escribir cuatro palabras

tan hermosas que estuviese orgullosa de mí

y de haber cambiado su pincel por una pluma.

Y poder decirla,

sin decirlo,

que nunca sabrá lo mucho que me duele

no poder pintarla yo también

otro par de paraguas

para evitarla todo el sufrimiento

y los disgustos que nunca mereció

ni ahora merece.

Que ojalá hubiese cumplido todos sus sueños.

Que no perdono,

ni olvido,

si alguien le borra la sonrisa.

Y que no sabré qué hacer el día

– por favor muy, muy lejano –

que no esté conmigo.

Decirla que ojalá hubiese podido regalarla más alegrías.

Y no darla la lata

a cada hora y cada día.

Pero no sé cómo hacerlo,

y la escribo estos renglones

para que ella y todos sepan

lo mucho que la necesito.

Lo mucho que te quiero, mamá.

 

María Eugenia Hernández Grande

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4 thoughts on “#115 [Dos Paraguas]

  1. Maru… He entrado en bucle como cuando escuchas una canción de nuestro Iván Ferreiro. Qué bonito pintas las palabras… Llega un momento que ya no sé que decirte, todo me parece poco. Tu mamá, al igual que toda la gente que te quiere y te admira (que no somos pocos, eso te lo aseguro), está y estamos orgullosos de ti.
    Porque en tu melancolía sabes hacer feliz a los demás. Ya te lo he dicho, eres lo puto bonito de este mundo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Me abrumas David, yo tampoco sé que más decirte no estoy acostumbrada a tantas alabanzas y no me puedo creer que mis letras estén consiguiendo cosas como éstas que me dices. Sólo puedo seguir dándote las gracias por tanto apoyo, con todo mi corazón ☺
      Un abrazo fuerte!!

      Le gusta a 1 persona

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