#100 [Cien]

Ha llegado el temido número #100 y me pregunto si tanta letra tiene algún sentido. Temido porque lo que era un fin se ha convertido, sin proponérmelo, en un medio. Temido porque lo único que sé es que escribo pero

¿por qué escribo?

Y no sé por dónde empezar…

 

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#15

Escribo para hablar contigo. Como si te quisiera decir algo parecido a aquellos versos de Miguel Hernández en su Elegía porque a veces, todavía hoy, te echo de menos (aunque haya dicho lo contrario) y  creo que aún “tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.”

Pero te escribo como se le escribe a un desaparecido que siempre regresa en el momento menos oportuno. Cuando nadie ya le espera… E incluso sabiendo que tú no has muerto – aunque ya no formes parte de mi vida y eso sea lo más parecido a la muerte – te hablo como se habla a los vivos que se marchan y dejan un vacío, no de polvo, pero sí de frío. Y te hablo porque sé que no me escuchas. Te escribo porque sé que no me lees. Porque sé que jamás te volveré a ver y eso, en el fondo, es un alivio para poder ser tan sincera. Conmigo misma. Y porque, sin saberlo, sé que tú estás bien, pues habría notado algo en mi interior si te hubiese sucedido algo.

Escribo porque pienso que muchas de las veces que durante estos años lloré sin un motivo, fue porque a lo lejos mi alma intuyó que tú tenías un mal día, que estabas triste o melancólico. Y te hice compañía dándote mi apoyo emborronando un papel. Y me alegro de que haga tiempo que no ocurra nada parecido. Eso significa que tú estás bien y mis sentidos reposan adormecidos centrados en otros pensamientos. Aunque de vez en cuando siga notando que sí, que todavía  “soy grito y soy cristal”. O lo eres tú.

Pero no siempre te escribo a ti. Ya te lo había dicho.

Escribo porque tenía la sensación de que me había dejado la vida cruzada. Y antes de esperar a que volviese a por mí decidí ir yo a por ella. Porque ahora mi día a día es una apuesta en la que me estoy jugando el honor. El dolor. Y la poco cordura que me quedaba. Porque en esta pelea en la que me he metido sólo habrá un vencedor. Pero ¿sabes? ya he ganado una batalla en esta guerra que parece que jamás acaba. Y ahora sí vuelvo a ver la luz, no siempre pero más a menudo que antes. Aunque la esperanza se vaya de paseo de vez en cuando por las solitarias tardes de este invierno que se cuela poco a poco. Y me deje con mis miserias, mis temores y esa sensación de frío y miedo que se posa en mi nuca a eso de las seis, hora española, para que no me quede a solas, hasta que la calma regrese para cenar conmigo en casa.

Escribo y pongo en mis papeles palabras, sentimientos y emociones que jamás me atrevería a contarte mientras nos tomamos una caña o paseamos por el centro. Porque quizás en la letras soy la persona que de verdad quisiera ser. Y confieso que me siento como una idiota, por no saber del todo muy bien si por eso soy valiente o cobarde. Y ese pensamiento me deja con la sensación de que, a lo mejor, solamente soy un fraude. Porque hay veces que hasta ni yo misma me aguanto; ni yo misma sé muy bien a dónde quiero llegar con todo esto. ¿O es que acaso haya caminos que no nos lleven a ninguna parte? Y, por eso mismo, entiendo que los demás no me entiendan porque yo tampoco me comprendo. Y si fuera siempre tan fácil explicarme… tan fácil como me resulta decirlo por aquí. Por escrito. Sin tener que decirlo en forma oral.

Escribo y creo que la mitad, por lo menos, de las cosas que escribo no valen nada. En ningún aspecto. Y me sorprende, te lo digo sincera, que las personas que lo leen me digan que les gusta. Me asombra realmente. Y no es falsa modestia. Sino que no creo que nada de lo que ponga aquí, en mis letras, pueda ayudar a nadie, pueda volarle la cabeza, rozarle el corazón o abrirle los ojos de la inercia. Y sólo una palabra que cualquier persona escriba vale la pena cuando lo consigue. Lo sé, es difícil. Y bueno, sigo creyendo que eres mejor escritor que yo porque las tuyas, tus palabras en la intimidad y en lo secreto, lograron en mí un efecto como ése y algo más. Entonces vuelvo a escribirte a ti en exclusiva para contarte, por ejemplo, que te canté la de Turnedo mil veces. De noche, a solas y en silencio. Llorando.

Escribo porque a veces necesito desahogarme. Porque a veces necesito decirle al mundo cómo me siento. Porque sé que sabes que siempre lloro mucho, ya lo he dicho. No puedo evitarlo. Me he propuesto millones de veces llorar menos. Pero nunca lo cumplo del todo. Supongo que por eso que decía más arriba, de que muchas veces no sé expresar lo que siento. Y en esa diminuta partícula cristalina parece que se condensan todas las cosas que no sé escribir. Ni decir. Todas las cosas que nunca te pude decir y todas las que aún me gustaría decirte y que tampoco hoy, ni mañana, ni pasado, podré.

Cosas… como que ojalá pudiese haber parado las agujas del reloj. O pudiese dar marcha atrás en un agujero negro que me transportase hasta los momentos en que estuvimos juntos. Aunque no pudiese volver a vivirlos de verdad. Aunque sólo pudiese contemplar de lejos esos remotos recuerdos en los que tu felicidad y tú me queríais a mí, junto a vosotros.

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#41

Escribo y, encima, aún me da vergüenza que los demás lean lo que escribo. Aunque tenga este espacio reservado para ello, y eso que admito que aquí me da menos apuro. Porque no conozco el rostro, ni el olor, ni la mirada del lector que llega a través de la pantalla. Ni ellos los míos. Porque no nos conocemos pero parece que lo hiciésemos de siempre. Y, siendo sincera, por fortuna creo que me leen más desconocidos que personas de mi círculo de amigos.

Pensarás que estoy chiflada si además te cuento que, no contenta con ello, además te he escrito un libro. Uno que ni yo misma sé muy bien si habla de ti en todas sus páginas o sólo eres el antagonista del verdadero tema que he sabido camuflar entre líneas, versos y poemas. Y, fíjate si seré tonta, que todos los días lucho en mi interior con dos guerreros que no son más que dos sentimientos contrapuestos. Porque desearía poder ver esa historia impresa y editada en papel (ese sentimiento bohemio del escritor). Y a la vez una parte – y no pequeña – de mí misma desea que nunca llegue a ver la luz. Porque en el fondo eso sería abrir una ventana desde la que cualquiera pudiese contemplar un paisaje gris oscuro dibujado en el horizonte de lo más profundo e íntimo que se oculta en mi alma. Y eso, créeme, me asusta mucho. Y pese a la ilusión luchando abiertamente con su espada, esa pelea al final siempre la gana la pareja de siameses formada por el miedo y la vergüenza. Que al ser dos y usar pistola no le dan cuartel a su oponente.

Y escribo porque pensar en ti, globalizado, me hace siempre concluir en el mismo pensamiento. Que la vida es a menudo injusta y traicionera. Que nos da diez monedas y nos pide a cambio una cantidad en la que, en un pacto leonino, le puso a esa miseria un interés usurario. Que te da la oportunidad de experimentar cien sensaciones para que luego te lamentes por no poder volver a tenerlas. Que es cruel pues te puso en mi camino. Y tan repentinamente como lo hizo, también te hizo desaparecer. Aunque sigo sin saber si fue la vida, si fue el destino o si fue, sencillamente, tu propia libertad. O la mía.

Y eso siempre me ha dejado con la sensación de que nunca jamás te encontraré. No a ti, que eso está pasado, sino a todo lo que tú representabas para mí.

Pero a lo mejor resulta que te escribo a ti, lector.

A ti, escritor.

Y a ti, mi amor.

Siempre y nunca a ti.

 

María Eugenia Hernández Grande

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12 thoughts on “#100 [Cien]

  1. Primero, enhorabuena lor tu entrada número 100. Segundo, que aunque suene a tópico, el tiempo lo cura todo (yo lo estoy comprobando hoy en día). Tercero, me has hecho emocionar, supongo que me he identificado y he revivido cosas dolorosas. Cuarto (y último), me encantan las canciones con que acompañas tu entrada, sobretodo Love of…, Ferreiro, Piratas!! Gracias por compartir!! Y una última cosa, no vuelvas a decir, ni siquiera pienses que la mayoría de cosas que escribes no valen nada, porque no es cierto. Vale, ya estoy, siento la extensión. Abrazos llenos de luz, de esos que cicatrizan heridas del alma!! ❤

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    1. Ay Lidia qué decirte, mil gracias por este comentario que la que se ha emocionado he sido yo al leerlo. He mezclado muchos pensamientos y emociones en unas líneas porque para mí era un hito llegar a este número 100 y he dejado salir al pasado y mezclarse con el presente, a veces más que cicatrices, que también, lo que tenemos son espinas y creo que en esta ocasión yo he escrito con ellas. La música es que forma una parte muy importante de mi vida, no sé vivir sin ella, y estas canciones en particular tienen un gran significado, qué bonito es cuando hacemos de algo que otro ha creado una parte de nosotros mismos.
      Un beso enorme y gracias por tus palabras, en serio 😊

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  2. Enhorabuena por el aniversario.
    Un gran texto, está lleno de emoción y la transmite. Me ha traído a la cabeza un par de frases de Pessoa. Una dice: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / Que llega a fingir que es dolor / El dolor que de veras siente”. Y la otra: “Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo”.
    Saludos

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