#91

No me hables del mar

si no pronuncias delante

la letra «a» que lo convierte

es esa palabra especial.

Te confieso, bucanero,

que nunca he sabido nadar

y esa vocal sirve de flotador

a mi pobre y loco corazón

que teme morir por inmersión.

Y avísame si eres tú,

o si acaso soy yo,

el náufrago tendido

en el oleaje de mi almohada.

Ése que empapa mis nostalgias

al borde de la orilla de mi cama

con su colcha de olas melancólicas.

O déjame avistarte,

al menos,

entre tus vaivenes espumosos

de esta zozobra navegante

que se cuela lentamente

por la proa del rechazo,

antes de que leve anclas

y me pierda en horizonte

como el barco que zarpa

sin saber si verá tierra.

Pero no asfixies tempestades

en la exaltación de tus pasiones,

que debe ser cierto eso

que algunos capitanes dicen

de que ningún «amor» en calma

hizo experto a un marinero.

 

María Eugenia Hernández Grande

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8 thoughts on “#91

  1. Muy bonito, pero es bueno aprender a nadar si vas hacia el mar, y si eres marinero necesitarás un tiempo embarcado para enfrentarte a las inclemencias del tiempo y las dificultades que se puedan presentar. Espero que llegues a buen puerto. Me ha gustado mucho cómo has tejido las redes.

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