#54

Admiro a la gente que te hace la vida bonita.

Que batalla en la revolución de las pequeñas cosas.

Y te deslumbra y te ciega en su arco iris de sueños de andar por casa.

Me quito el sombrero ante ellos.

Una, dos y tres veces.

Seguidas.

Y ante todas las carcajadas que deberían ser sollozos.

Pero deciden que no.

Que ya hay muchas lágrimas.

Y las sonrisas no se pueden desperdiciar.

Les aplaudo un touché.

Y caigo rendida ante ellos.

Por su valentía.

Y su fuerza.

Y esa energía que nunca descansa.

La luz que nunca se apaga.

Me postro y beso los pies de todos aquellos que avanzan con pasos suaves por su camino de espinas.

Y les miro a los ojos.

Me hipnotiza su resistencia.

Y contemplo ante mí en sus pupilas al mar sediento.

De sentimientos.

María Eugenia Hernández Grande

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