#52

Sé que tengo un problema.

Grave.

Y que ése eres tú.

O que nadie es como tú.

Más bien.

Que tengo un problema.

Serio.

Porque he buscado tu encanto en cientos de personas.

Y no lo he encontrado.

Y, además, he olvidado fijarme en el suyo.

Porque todo el mundo tiene algo que le hace especial.

Diferente del resto.

Pero no he querido más hechizos.

Y ha sido por ti.

Tengo un problema.

Lo acepto.

Porque es un historia que ya ha manchado de tiempo los márgenes del libro.

Que ha teñido de ocre las páginas.

Y los párrafos.

De estos años baldíos.

Y por más que la lea me la sé de memoria.

Y, encima, no puedo cambiar el final.

Pero sé que tengo una solución.

O algo parecido.

Cuando siento que quiero

– y quizás hasta pueda –

escribir otro cuento.

Sin saber cómo acaba.

Pero con la libertad de decidir sus capítulos.

Más o menos.

Una solución.

Y esperanza.

Cuando pienso que quiero que sea(s) como la canción que te atrapa de pronto.

Y no puedes dejar de escucharla.

Porque su melodía nunca te cansa.

María Eugenia Hernández Grande.

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