#28

Me frunzo a mí misma

el ceño en el espejo

por esa necesidad imperiosa

de poder decirte

que te quiero.

Y tuerzo mi boca

y bajo la vista

avergonzada y sonrosada

cuando reparo en que aún

no he visto tu rostro.

Tampoco tu contorno.

Me descubro suspirando mil deseos

por un recuerdo

que todavía no he vivido.

Pero aunque no te conozco

te confieso en un susurro

que ya te echo en falta.

Y escribo en un post-it

que tengo el corazón latiendo

a mil por ti.

Vuelvo a repetirte que te quiero.

Y conocerte también.

María Eugenia Hernández Grande

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