#22

He perdido la cuenta de todas las veces que deseé volverte a ver.

De cuántas noches el insomnio te trajo hasta mi lado disfrazado de unicornio.

Y de todas las lunas que han menguado desde el último atardecer que salió el sol teñido con lo oscuro de tus ojos.

Ya no sé cuáles eran mis temores antes de que ocupases, y copases, el centro de mi ingravidez.

Y sólo temiese caerme de ti y volver a aterrizar en un lecho de color azul marino habitado por mis monstruos.

Transformados por lo oculto de tu rostro.

Me extravié en la limerencia y como una esclava me arrodillé ante el señor de los fantasmas. Haciendo reverencias a un pasado que sólo traía ahogo de aire viciado.

Perdí la cuenta de las veces que quise sentir la paz del alma.

Y poder de nuevo bucear mi mar en calma.

Ahora, ya ves, las cuentas me han perdido a mí, desde el momento en que me preguntan cuántas vidas aún me deben.

Y no sé responderlas porque todo eso es algo que he dejado olvidado en el limbo de mis anhelos maltrechos.

 

María Eugenia Hernández Grande

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