#6

Mientras te vi marchar a lo lejos susurré a la nada el “te quiero”

que nunca llegaste a escuchar,

y deseé fervientemente que ese anhelo fuese una certeza;

que, por favor, ése no fuese el final.

Y recorrí lentamente el camino que me llevaba a mi casa

porque, en el fondo,

no quería que ese momento acabase nunca.

Porque con él estabas acabando tú;

estaba acabando yo.

Se estaba difuminando la historia.

Y dejé por fin caer las lágrimas que contenían mis ojos.

Y cuando la noche cayó sobre la ciudad un escalofrío

– que me dejó el cuerpo helado y el alma ardiendo –

recorrió mi espina dorsal.

Y ése se convirtió en un principio y un final.

En el verdadero punto de partida de lo que vendría después.

En el primer tramo de un viaje.

María Eugenia Hernández Grande

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